Ahora seamos todos escandinavos
Reseña de Prensa / ABC
Los simposios en busca del alma nueva de la derecha o de la izquierda son una de las liturgias de nuestro tiempo, especialmente desde que el parangón con la libertad abolió el Muro de Berlín. De una parte, Bush hijo habló de conservadurismo compasivo en su primer mandato; de otra, Bill Clinton y Tony Blair fueron los adalides de la Tercera Vía. En la izquierda hay quien se proclama social-liberal, o partidario del liberal-comunitarismo. Anthony Giddens, teórico de la Tercera Vía, le sugiere al nuevo Gobierno italiano que lidera Prodi que sea más escandinavo. Mientras tanto, los analistas auscultan las declaraciones de David Cameron, nuevo líder conservador británico, por si en algo inspira una nueva concepción de la derecha liberal-conservadora. Desde luego, Giddens no carece de sentido de la obviedad: por eso aconseja a la izquierda italiana que evite la fragmentación y la imagen de un tropel de pequeños partidos sin ilación. No hacía falta decírselo a los estrategas de Prodi: el modelo es esa gran coalición -más que organización clásica de partido- que ha sido siempre el Partido Demócrata en los Estados Unidos. Como paradigma de fusión entre economía de mercado y justicia social, Giddens propone las reformas escandinavas en materia de educación y mercado de trabajo, por ejemplo. No es un obstáculo menor que los italianos no sean como los escandinavos. Mientras tanto, el modelo de Zapatero resulta ser antojadizo, de naturaleza volátil, con fases de evanescencia y períodos de osadía para transitar por donde sea sin un mapa con garantías suficientes. No es improbable que cualquier día también se proponga convertirnos en escandinavos.
La escasez de existencias en el mercado de las ideas políticas no quiere decir que el pensamiento liberal o el conservador sean ya como la vieja sombrilla, de varillas herrumbradas, que por afecto guardamos en el desván. El pensamiento liberal-conservador está en activo y lo está en gran manera gracias a su acreditada aplicación como experiencia de gobierno real, las más de las veces, de acuerdo con las virtudes del pragmatismo. Aún así, anda en busca de eslóganes y de nuevos nichos electorales, de «blogs» y telepredicadores. Es una curiosa paradoja de estos años que la izquierda posible haya tenido que aceptar la realidad indeclinable de la economía de mercado y a la vez haya sido capaz de echar en cara a la derecha una caricatura grotesca de la universalidad del capitalismo. Que le pongan a un político el sambenito de «neoliberal» y los votantes echan a correr como si apareciera Belcebú en escena. Por ahí trastea David Cameron, el nuevo líder «tory». Tiene la difícil tarea de ser alternativa a alguien como el laborista Tony Blair, quien asumió no pocas de las realidades políticas y económicas del thatcherismo. Por tanto, Cameron tiene que criticar el thatcherismo en versión de Blair. Cameron es otro de los buscadores de oro en los territorios del centro.
En España, la cuestión nacional se inmiscuye tanto en el debate de lo que es la izquierda como en los seminarios sobre el futuro de la derecha. En el momento en que Europa está en proceso de reflexión sobre los sistemas de pensiones, las reformas laborales o las políticas energéticas, en España se procede a alterar semánticamente la Constitución y a hacer virguerías con el modelo territorial. Los antiguos regeneracionistas no se lo iban a creer. Otra cosa también puede ser cierta: tan empeñados -legítimamente- en volver al poder o no dejarlo, los políticos no se toman muy en serio la labor de elaborar ideas sobre cómo mantenerse en el poder -o ganarlo- y hacer algo, aunque sea a la escandinava. Los partidos políticos, a lo sumo, andan buscando ideas que puedan venderse como espuma de un minuto de televisión. Pegue una oreja a las encuestas y crea saber cómo tener contento a todo el mundo.
Por VALENTÍ PUIG
























Junio 21st, 2006 at 20:39
Pues me parece que esta vez Puig llega tarde….
El oropel del modelo escandinavo al descubierto.
amdg