Aznar y ZP, a lo suyo
La semana pasada y en el mismo país aunque en escenarios distintos, el último ex-presidente español y el que ocupa actualmente el cargo nos aportaban su particular visión del conflicto en Irak, el mundo islámico, los retos de Occidente…
Zapatero, en un discurso propio de la izquierda de estómago lleno que se siente culpable por tenerlo, se comprometió a destinar el 0,7% del PIB a financiar dictaduras en el Tercer Mundo. El presidente español tiene claro que al terrorismo internacional se le combate acabando con el hambre y la pobreza, pero para acabar con estas dos lacras Zapatero ofrece el remedio de la caridad occidental. Zapatero sigue ofreciendo talante, sonrisa y misericordia, lo cual, hay que reconocerlo, de cara a la galería es tan popular como retirar las tropas de un país en el que los secuestros a individuos extranjeros están a la orden del día y en el que el 11-M se repite a diario en forma de decenas de muertos y heridos. Muy popular, pero poco efectivo.
Como popular es Aznar, aunque cada vez menos en el sentido más clásico de la palabra. El nuevo profesor de Georgetown ha dejado la política por la Historia, esa materia de la que, como el fútbol y la medicina, todo el mundo puede opinar sin temor a equivocarse y aunque no se tenga la más remota idea. Para Aznar los orígenes de Al-Qaeda se remontan a la invasión musulmana de la Península Ibérica y la invasión de Irak es una nueva cruzada de los cristianos frente al mundo islámico que quiere apoderarse de Al-Andalus. Se desconoce a día de hoy si Aznar había consumido alguna sustancia alucinógena antes de pronunciar dicha conferencia. Es decir, que mientras ZP soluciona de un plumazo todos los problemas del mundo con bonitas palabras, retiradas de tropas y caridad estatal, “Ansar” no descarta organizar de nuevo las órdenes de Calatrava o de Santiago para exportar el cristianismo a sangre y fuego.
Los liberales consideramos que el mejor arma para destruir el medievalismo talibán en el que gran parte del mundo se halla anclado y con el que tanto simpatiza cierta izquierda no es ni la guerra preventiva ni la bondad occidental, sino la transmisión del ideal político de LIBERTAD, con mayúsculas.
Son el libre mercado,la libertad de expresión, la libertad política, los avances científicos y la igualdad jurídica las mejores armas para que dejemos de hablar de Tercer Mundo, hambre o subdesarrollo. Acabar con fronteras culturales, económicas y religiosas. El mundo subdesarrollado no necesita perpetuar clanes dictatoriales a través del 0,7% ni reeditar cruzadas religiosas, sino la libertad que sólo el capitalismo es capaz de promover por ser dicho valor su mayor activo y su razón de ser.























