Ecos en la red/ El Cato Institute

México está convirtiéndose en la próxima Colombia

Resumen ejecutivo

México es un importante proveedor de heroína, marihuana y metanfetamina del mercado estadounidense, y, además, es el principal punto de tráfico y distribución de la cocaína proveniente de Sudamérica. Desde hace años existe, tanto dentro como fuera de México, el temor de que este país se vea arrastrado por la corriente de corrupción y violencia que asedia a Colombia, la principal productora de drogas del hemisferio occidental. Hoy, cada vez hay más señales de que la “colombianización” de México está convirtiéndose en una realidad.

Este dramático panorama es el resultado directo de la política de Washington para prohibir drogas ilegales, pues las estrategias prohibitivas crean un gigantesco mercado negro propicio para el tráfico de drogas ilegales por su misma naturaleza. Por otro lado, la posibilidad de ganar grandes sumas de dinero atrae a los elementos criminales más violentos. Es verdad que cuando las drogas son ilegales, sólo las trafican quienes están fuera de la Ley.

Si México va en el mismo camino que Colombia, las consecuencias para Estados Unidos serán mucho más graves. Colombia está relativamente lejos de Estados Unidos, pero México es un país fronterizo y muy ligado económicamente por el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. El caos en México ya está traspasando la frontera y afectará negativamente a Estados Unidos, en especial a los estados del sudoeste.

Aún hay tiempo para que México se detenga y revierta su proceso de “colombianización”, pero, para que esto ocurra, Washington debe cambiar sus políticas de manera drástica. Durante más de tres décadas y media, Estados Unidos libró una dura guerra contra las drogas que generó importantes patologías sociales tanto internamente como en el exterior. Es hora de reconsiderar la estrategia de prohibición en su totalidad.

Introducción

Durante muchos años, la política antidrogas de Estados Unidos en el hemisferio occidental se concentró en erradicar las drogas ilegales provenientes de los principales países productores: Perú, Bolivia y Colombia. Washington se preocupó especialmente por Colombia, donde grupos insurgentes de extrema izquierda se valían del comercio de drogas para financiar su lucha armada contra el gobierno en Bogotá. Para Washington, el peor escenario posible era el surgimiento de un estado narcotraficante aliado con elementos políticos extremistas y organizaciones terroristas. El gobierno de Bush parece bastante preocupado por esta posibilidad, ya que planea continuar ofreciendo a Bogotá su vasta ayuda antinarcóticos por muchos años más.

Los temores respecto de Colombia no son infundados, aunque el gobierno del presidente Álvaro Uribe ha logrado debilitar a los principales grupos insurgentes en los últimos años. Sin embargo, en Estados Unidos las autoridades encargadas de la formulación de políticas tienen un problema gestándose más cerca: en México. La importancia del comercio de drogas en México aumentó notablemente en la última década. Ya en 1999, Thomas Constantine, el entonces titular de la Dirección de Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés), afirmó ante el Congreso que los traficantes mexicanos se habían multiplicado “de manera virtualmente geométrica” en los cinco años anteriores, y que una corrupción “sin parangón” afectaba a todo el país. Desde el momento de aquellas declaraciones, las cosas han empeorado sustancialmente.

Hoy, México es un importante proveedor de heroína para el mercado estadounidense, y además, el principal punto de tráfico y distribución de la cocaína proveniente de Sudamérica. De hecho, existen pruebas de que las organizaciones dedicadas al negocio de la droga han aprovechado las ganancias obtenidas del control de las rutas de tráfico de sus socios colombianos, a lo largo de los años, para arrebatarles el dominio de todo el comercio. “Hoy, los mexicanos han tomado el control del crimen organizado —que ahora dirigen— y se llevan el grueso del dinero”, sostiene John Walters (el zar de la droga de la Casa Blanca), director de la Oficina de Política Nacional para el Control de Drogas de Estados Unidos. En rigor, existen indicios de que los carteles mexicanos de drogas incluso están desempeñando un papel más importante en los países sudamericanos productores de narcóticos, y de que están desplazando cada vez más a los traficantes colombianos.

Tanto dentro como fuera de México, se extiende el temor de que este país se vea arrastrado por la corriente de corrupción y violencia que desde hace tiempo atormenta a Colombia. De hecho, hoy en día, los mexicanos hablan abiertamente de la “colombianización” de su país.

Es cierto que México no debe enfrentar una insurgencia política extremista a gran escala como la que afecta a Colombia. Sin duda, esto constituye una diferencia importante, porque implica que no hay fuerzas políticas antiestadounidenses significativas que puedan explotar el comercio ilegal de drogas para financiar su causa. No obstante, hay más similitudes que diferencias entre la situación de Colombia y la de México, y Washington tardó en reaccionar ante esta preocupante realidad.

Alianzas inestables y violencia en alza

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por Ted Galen Carpenter

Ted Galen Carpenter, vicepresidente de estudios de defensa y política exterior del Cato Institute, es autor de seis libros sobre política exterior, entre los que se cuenta Bad Neighbor Policy: Washington’s Futile War on Drugs in Latin America, Palgrave/Mcmillan, 2003. Este estudio fue originalmente publicado el 15 de noviembre de 2005 (Cato Institute Foreign Policy Briefing No. 87). También puede leer este documento en formato PDF aquí.

5 Responses to “Ecos en la red/ El Cato Institute”

  1. Libertas Says:

    Lo que se pone de manifiesto es el tremendo fracaso del estado y de su lucha contra la droga.
    Convirtiendo en criminales a consumidores o proveedores de sustancias que se consideran inapropiadas por los nuevos inquisidores.
    NO AL CRIMEN SIN VÍCTIMA, LIBERALIZACIÓN DEL MERCADO DE DROGAS, YA!

  2. Snipfer Says:

    El problema con las drogas es muy dificil, incluso para los liberales, porque aun cuando legalizándolas dejamos de restringir la libertad de quien decide consumirlas, estamos avocando al consumidor a su dependencia de las drogas y su verdadera dependencia de ellas anulando así mismo su libertad de decisión sobre si quiere o no consumirlas porque: tengamos en cuenta que las drogas blandas llevan a concumir las duras y las duras generan una dependencia todavía mayor que las blandas, hasta un punto incluso físico, llegando a que si no consumes una substancia a la que eres adicto, mueres. No es que me oponga a la legalización de las drogas sino que opino que el verdadero problema recae en la naturaleza de la droga en si

  3. Libertas Says:

    Es que si eliminamos o limitamos el libre albedrío con ese criterio paternalista hacia el individuo abrimos las compuertas para justificar cualquier intervención, siempre por nuestro bien, claro.

  4. acamus Says:

    - Sin obviar la intervención de Snipfer, que considero muy válida e interesante, yo creo que viene a cuento la afirmación de savater: “yo haría todo lo posible para que mi hijo no consumiera droga, pero mi hijo es mio y no el hijo del ministro del interior”. El estado no debe tener ninguna potestad en decidir qué consume o deja de consumir la gente. Y además no creo que la droga blanda lleve irrevocablemente a la dura: cada ciudadano es un mundo y cada cual decide sobre su vida. de todas formas yo no me negaria a que en un escenario de hipotética liberalización de la droga, la ley regulara su consumo en algunos casos. Por ejemplo prohibiendo la venta de drogas a determinada gente con las capacidades mentales alteradas por su consumo.

  5. acracia Says:

    Es una evidencia clínica, estadísticas q se repiten machacona e inapelablemente a lo largo de cualquier estudio contrastado e independiente sobre el tema (y m he leido unos cuantos) q sólo una minoría muy pequeña dlos que se colocan con una sustancia psicotrópica acaban adictos, y la causa de ello es siempre el mal uso del sentido d responsabilidad de estos sujetos. Y no deja de ser mezquino q muchos terapeutas, psiquiatras en su mayoria, traten de manipularlar tales evidencias con todo tipo de argumentos alarmistas y paternales, en complicidad con los intereses más oscuros del deseo del control social por parte del poder político.

    La realidad es la realidad.

    Una cosa es el uso y otra el abuso.

    Lo digo, s ciencia empírica.

    Otra cuestión esq muchas líneas académicas defiendan algo así como q la voluntad está condicionada genéticamente, explotándolo con una descarada ideología y convirtiendo el conocimiento científico en un tipo de barata conclusión demagógica q apoya todo tipo de particulares e influenciados prejuicios de investigadores vendidos sobre todo a la moralidad.

    Todos sabemos q existe gente más sensible para todo, es una experiencia cotidiana. Roza el totalitarismo q se de crédito a esos intentos de manipulación y se niege, no sé como, el libre albedrio de los individuos, la posibilidad de una libertad, la nuestra.

    Un ejemplo personal, es sabido q los impulsivos tenemos muchas más posibilidades de encerrarnos n todo tipo de circulos viciosos, pero reconociéndolo, es absurdo considerar q a mi mismo se m tome por algo peor q a un robot automático, y no padezca, sí, sufra tb, q nada es fácil, d una libertad propia; y q m permite saber cuando m excedo cuando utilizo drogas, violando mi interior, negándome mi tb humano y posibilista arrojo de reconocerm a mi mismo en mi posible límite más bajo de tolerancia y con capacidad para tomar las medidas oportunas: no todos podemos correr 100metros por debajo de los 10s, las naturalezas son distintas, esto nada tiene q ver conq esté obligado a ser un estúpido, a q no pueda valorar q no sacaría nada en limpio acudiendo a unas olimpiadas del vicio desenfrenado; mejor una pachanga con mis amigos :)

    Educación y sentido de responsabilidad es lo único q nos puede tener alejados de ser un adicto.

    En cambio aceptar esos argumentos proteccionistas es decididamente venderse a la adicción, la excusa perfecta para apuntarse a un victismo obsceno, convertiendonos, entonces sí, en adictos sin posibilidades de recuperación.

    Para todo este amago de profesionales sanitarios, la mayoria funcionarios y, estos sí, problemáticos adictos a la salud, es más facil acabar de cuajo con el problema, ser partidarios d q no existan coches para q no nos ocurran accidentes.

    Muy sencillo y cómodo, casi patéticamente romántico [les permite cobrar reconocimiento y pasta rapidamente, justificando su negocio de salvadores de vidas expeditivamente: exterminado el perro (amputada toda elección n cualquier otra via) muerta toda la rabia], pero pertenece a una visión del mundo de naturaleza psicótica, delirante, Ilusorio. Incluso a la de un loco q no comprende q la vidad consiste en valorar y gestionar cada uno sus propios riesgos, no morir de inanición y asco pertrechado en la burbuja casera de una cama-trinchera aislada de todo contacto con el mundo exterior y la vida para no meternos en lios.

    Sin contar q atenta contra nuestras más elementales libertades, q es digno de un militante dictador.

    No podemos permitir q se manipule a toda la sociedad tan vilmente, convirtiendonos en serviles y esclavos, en aras de una tiránica seguridad q sólo beneficia a los q poseen la sarten por el mango, mientras ellos pueden permitirse todo tipo de lindezas.

    Activismo!! Nos incumbe a todos. Esta extorsión, muerte y enfermedad tiene q parar ya. Libertad de una vez por todas.

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