El quietismo de Rajoy
Reseña de prensa/ ABC
OPINIÓN /M. MARTÍN FERRAND
TRISTE tiempo el nuestro, en el que, como decía Albert Einstein, resulta más fácil deshacer un átomo que un prejuicio. Actúan, sobre la cansina aceptación de lo establecido, la pereza y el miedo que anulan la innovación y así, en lo que nacionalmente nos afecta, vamos derrochando grandes oportunidades colectivas en beneficio de grupitos menores y centrífugos que engordan su momio a base de esquilmar el patrimonio común: lo construido en siglos de Historia con el esfuerzo de quienes nos precedieron. Así, instalados en el prejuicio y distantes de «la funesta manía de pensar», no serán las razones ni el análisis lo que, mayoritariamente, determine nuestro voto en las próximas elecciones legislativas.
Acabamos de ver en los caucus de Iowa que, descontentos con la realidad presente, los ciudadanos norteamericanos reclaman caras nuevas, opciones distintas y, lo mismo demócratas que republicanos, apuntan la hipótesis del cambio, del olvido de lo que no funciona y la búsqueda, con los riesgos que pueda comportar, de supuestos innovadores. No parece que sea nuestro caso. José Luis Rodríguez Zapatero insiste en su espiral del error en la que, sobre supuestos que no son ciertos, se construyen realidades caóticas. No importa. Su clientela está con él como la suya con Mariano Rajoy, que asiste al espectáculo instalado en el quietismo, más confiado en el fracaso ajeno que en el acierto propio.
Mucha serenidad predican quienes se amparan bajo laalas de la gaviota. El sosiego es, sin duda, una gran cosa que puede alcanzar la condición de virtud, pero no siempre ni necesariamente. En ocasiones, resultan exigibles la acción arriesgada, la propuesta original, la iniciativa creadora y el diseño revolucionario. Si el mal generado por el zapaterismo es grande, mayor ha de ser el remedio. No basta con esperar. Contaba Oscar Wilde, como paradigma del peligro que supone el exceso en la calma, que, provocado un incendio en un teatro en el que se celebraba un concierto sinfónico, uno de los músicos, el más sereno de todos, invitó a los asistentes a no asustarse, a mantener la tranquilidad. Todos volvieron a sus asientos… y murieron achicharrados.
Dice Rajoy, quietista perfecto, que si gana las elecciones, pondrá en marcha un «amplio paquete de reformas» para relanzar la economía, pero no nos anticipa su naturaleza. Platónico además de quieto. Y, ¿si no gana las elecciones? A dos meses de que se produzcan y a la vista de los pronósticos demoscópicos, el líder del PP debiera acelerar el ánimo, reforzar sus listas, provocarnos con propuestas concretas y palpables y sacudirse el complejo socialdemócrata que, a juzgar por los hechos, inmoviliza a un partido que, por mitades, se dice liberal y conservador y tiende a ser, tan solo, un instrumento de poder.
























Enero 10th, 2008 at 0:49
Me sorprenden algunas posiciones keynesianas que estoy observando en el PP. Como, por ejemplo, Cañete con el Decreto-Ley “brutal” para reactivar la economía.
La pena es que PSOE y PP no han hablado casi de este tema durante toda la legislatura. Hemos tenido una etapa de bonanza económica en la que se podían haber tomado muchísimas medidas para preparar la economía para el futuro.
Por ejemplo, se podrían haber reducido más el IS o el IRPF (la última reforma fue raquítica) y las cotizaciones sociales así como flexibilizado el mercado de trabajo, liberalizado horarios comerciales, establecido la libertad de establecimiento o mejorado la legislación sobre desahucio.
Pero, claro, aquí estábamos con otras cosas…
No quiere decir que con esas medidas no se hubiera notado la coyuntura actual pero creo que su impacto hubiera sido menor y, sobretodo, estaríamos mucho más preparados para el futuro.
Ahora unos y otros buscan soluciones mágicas cuando no le han prestado atención a estos asuntos. Los electores debemos tomar nota.
Y Rajoy, efectivamente, no tiene nada claro lo que quiere. No tiene autoridad ninguna. Los vaivenes del PP en el tema del canón o su (no) posición sobre las reformas de los Estatutos de Autonomía son claros ejemplos…