Horarios comerciales

Reseña de prensa/ Expansion
La decisión de la Comunidad de Madrid de ampliar la apertura de los comercios de 20 a 22 festivos merece una valoración muy positiva. Se trata de una nueva muestra de la sensibilidad del Gobierno de Esperanza Aguirre con las necesidades que la sociedad actual impone a las familias, cuyas servidumbres laborales a menudo no les dejan otro remedio que trasladar a los días festivos sus compras.
Si algo hay que lamentar es que la iniciativa no sea aún más ambiciosa. Sin embargo, lo realmente criticable es que la práctica totalidad del resto de autonomías mantenga restringidas las aperturas a sólo ocho domingos, con el falaz pretexto de proteger al pequeño comercio, cuando en realidad se trata de una táctica que responde al interés electoralista de mantener cautivo a un colectivo que, al contrario de la masa de consumidores, sí moviliza su voto en favor del recorte de libertades en el comercio. No parece que haya otra razón de peso económico que justifique la restricción de horarios comerciales.
En la última década se ha revelado falso que la libertad de apertura destruya al pequeño comercio, pues en Madrid el número de establecimientos tradicionales de barrio ha aumentado sensiblemente, mientras que, paradójicamente, en Cataluña, la región más restrictiva, han disminuido. Esta razón ya sería por sí sola suficiente para establecer la libertad total.
Pero si a eso se añade que recientes estudios demuestran que la mayor flexibilidad de apertura en Madrid contiene los precios y, por tanto, la inflación, y que la propia Comisión Nacional de Competencia aboga por la libertad de horarios, no hay razón para mantener la mascarada de seguir prohibiendo a la gran distribución que abra todos los domingos que precise el consumidor, que es en realidad a quien hay que proteger.























