No todos somos objetores
Por Elisa Sesma
Leemos con asombro en la prensa que la consejera Sra. Kutz afirma que en Navarra no se hacen las interrupciones voluntarias de embarazo (IVE) o abortos legales, despenalizados por la ley, simplemente porque aquí todos los ginecólogos y ginecólogas son objetores.
No sé si está mal informada ella o sus asesores no tienen memoria o es una forma simple de quitarse de encima un problema que le planteaban en el Parlamento, pasando hábilmente la pelota al tejado de otros: «No es que la Administración no quiera, los profesionales son los objetores».
Eso no es cierto. En Navarra hay profesionales que no somos objetores. Por si no se recuerda, aquí se hicieron diez IVE entre 1986 y 1987 y dejamos de hacerlas por múltiples motivos que queremos relatar, pero no por habernos convertido en objetores.
Desde que se planteó en Navarra la aplicación de este derecho de las mujeres, hubo un linchamiento personal y profesional dentro del Hospital Virgen del Camino a las personas que los hicimos, lo que repercutió negativamente en las mujeres que lo solicitaron.
Por si fuera poco, también hubo un linchamiento judicial; Acción Familiar presentó una querella criminal, acusándonos de que una de las IVE no entraba dentro de los supuestos de la Ley. Terminó en un juicio público contra dos de las ginecólogas y un ginecólogo, que las realizaban. El juicio, evidentemente, lo ganamos. Ac- ción Familiar sabía que iba a perderlo pero consiguió su objetivo: presionar en contra de un derecho de las mujeres aprobado legalmente en este país, el derecho a la interrupción del embarazo, y lo hizo acusando falsamente a los médicos. Afortunadamente no estábamos solos en esto, todas las fuerzas progresistas de aquí y de todo el país acudieron en nuestro apoyo.
El acoso también llegó a las calles mediante panfletos anónimos llamándonos, entre otras cosas, asesinos.
En el hospital la coordinación del trabajo fue complicada, penosa y llena de zancadillas. Hubo enfrentamientos y también muchas situaciones en las que no se facilitaron las cosas.
La dirección, con su debilidad, cedió a las exigencias de los objetores, no regulando en ningún momento el alcance de la objeción de conciencia, tanto en el trabajo cotidiano como en las urgencias.
Esto permitió que se exagerara la objeción a situaciones fuera de toda lógica, tanto por el personal médico como por el resto de los estamentos; así, justificaban su negativa a «participar» en cualquier acto relacionado con la IVE, como por ejemplo poner una medicación, pasar la comida a la mujer o atender una complicación.
Llama la atención que toda la plantilla venía atendiendo desde hacía años, sin embargo, las complicaciones de abortos clandestinos, sin haber objetado nunca.
Toda esta situación derivó en una resistencia pasiva, incluso obstrucción en ciertos momentos, que hacía muy complicado coordinar una atención hospitalaria de forma normalizada. Las mujeres que fueron atendidas sufrieron el calvario de todo este mar de fondo, viviendo conflictos innecesarios y temiendo, además, correr el riesgo de verse citadas en la prensa.
Respecto a esto último, quiero llamar la atención de que las noticias de las cuatro primeras IVE fueron muy comentadas en la prensa local, suscitando muchas opiniones encontradas, acusaciones cruzadas y condenas, y, sobre todo, el que los datos técnicos de cada caso salieron reflejados en los periódicos, como si el periodista hubiera tenido acceso a la historia clínica hospitalaria. Nos da mucho que pensar el que aquellos profesionales, olvidando al parecer el código deontológico, antepusieran su «lucha contra el aborto» al derecho a la intimidad de las mujeres.
Después de año y medio de calvario y de haber realizado diez IVE decidimos enviar un escrito a las direcciones correspondientes exponiéndoles todos estos problemas y las soluciones que considerábamos imprescindibles:
La necesidad de coordinación del trabajo, la regulación del alcance de la objeción, la resolución de la atención de complicaciones como una urgencia hospitalaria más, y la atención adecuada a las mujeres. Exigimos su solución como condición para seguir adelante. Nunca hemos tenido respuesta.
Nuestra reflexión en aquel momento fue que habíamos intentado ser profesionales, consecuentes con nuestras ideas, al servicio a las mujeres de Navarra también en este tema, pero que no éramos mártires. Tampoco se podía garantizar al parecer la protección de la intimidad de las mujeres por parte de la dirección del Hospital, evitando las filtraciones a la prensa, por lo que en aquel momento nos pareció bien que se decidiera derivar las IVE a la medicina privada.
Estas y no otras, son las razones por las que no se están haciendo interrupciones de embarazo en la medicina pública de Navarra, no como expuso nuestra consejera de Salud.
Se puede faltar por omisión y creemos que falta voluntad real en la Consejería de Salud y el Gobierno de Navarra de ponerlo en marcha, excusándose fácilmente en la objeción de conciencia de las y los profesionales.
La Administración es la que debe facilitar los mecanismos necesarios para que las mujeres puedan ser atendidas y ejercer ese derecho en la red pública de Navarra. Sus pasos deben ir a la definición y regulación del alcance de la objeción para evitar abusos en su nombre, coordinación de los equipos hospitalarios de ginecología, anestesia, enfermería, quirófanos, plantas, urgencias, etcétera, y, como primer paso, el servicio de ginecología del Hospital Virgen del Camino que se declaró objetor y por su posición dentro del organigrama del hospital, no puede inhibirse del derecho que tienen las mujeres a recibir una serie de atenciones médicas complementarias, aun respetando sus derechos de objeción.
Si realmente quisieran ponerlo en marcha, las actitudes y actividades para su implementación serían otras. Y una vez sepan con qué equipos cuentan podrán afirmar si en Navarra todos objetan o no. -
(*) Además de Elisa Sesma, firman este artículo: Pablo Sánchez Valverde y Ana Uriz Lusarreta, del centro de Atención a la Mujer de Andraize; Marycruz Landa Azna- rez, ginecóloga del Centro de Atención a la Mujer de Iturrama; Hortensia Yagüe y Pilar De la Cueva, del Hospital de Tudela.























