Reseña de Prensa / ABC


Ser liberal

EL siglo XXI exige de los liberales una actitud beligerante a favor de la libertad. Porque ser liberal significa admirarse, como decía Tocqueville, por los prodigios que provoca la libertad cuando actúa liberada de ataduras intervencionistas. En este sentido, el liberal es siempre crítico frente al intervencionismo, venga de donde venga. Las coordenadas liberales fueron trazadas con nitidez dentro de una secuencia histórica instalada en un racionalismo crítico, empirista y nominalista que hizo -y hace- de la libertad, entendida en su sentido más amplio, el único instrumento de legitimación moral de cualquier política que se reclame públicamente como liberal.

Bastaría leer el discurso fúnebre a los caídos atenienses atribuido por Tucídides a Pericles para comprender dónde están las claves originarias de un liberalismo que ha sido siempre respetuoso con las religiones y el Estado, pero siempre y cuando no coarten la libertad del individuo y la sociedad civil para decidir sobre su autonomía moral, política, social y económica. Quien quiera comprender la mente y la idiosincrasia de un liberal debe instalarse en una cadena reflexiva que lleva de los sofistas griegos descritos por Popper hasta autores del siglo XX que, como el propio Popper, Berlin, Aron, Revel o Dahrendorf, entre otros, han sido siempre celosos defensores de la libertad de la persona en todos los órdenes de la vida. Quizá sus precedentes teóricos más sólidos se encuentran, como vio Hayek (que era un conservador con vocación liberal), en el mundo anglosajón y en la corriente continental europea que es deudora de él. En este escenario geográfico y teórico se ubica una tradición intelectual que habitan nombres como Locke, Hutcheson, Ferguson, Smith, los fisiócratas, Jefferson, Franklin, los liberales gaditanos, Tocqueville, los doctrinarios franceses, Constant e, incluso, el católico Acton, que fue capaz de batallar desde sus convicciones por una autonomía conceptual liberal disociada del pensamiento escolástico y del esencialismo de los universales, y que, en realidad, no es más que una actualización del viejo discurso evangélico de dar «a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César».

Sería bueno comprender que el liberal es, por fundamento, un enemigo de la intransigencia religiosa y laicista. De hecho, la intransigencia y, asociado a ella, el radicalismo -moral o estatista-, le ponen los pelos de punta, tanto por razones éticas como estéticas. De ahí que Marañón insistiera en que ser liberal es antes que cualquier otra cosa una cuestión de carácter. Quizá por eso, el liberal ha sido siempre incómodo por su potencialidad respetuosamente heterodoxa, crítica y escéptica. Su disposición hacia el dominio de la inteligencia práctica y científica sobre las pasiones y el irracionalismo dogmático -entendido también en un sentido amplio- ha sido un rasgo distinto de la actitud liberal frente a la vida. Su defensa de una amplitud de miras no sectaria le ha llevado siempre a tratar de entender a quienes no piensan como él, lo cual no ha significado nunca -como señalaba Berlin- aprobar sus razonamientos. En este sentido, el liberal es siempre moderado, tolerante y respetuoso de las formas, pero sin renunciar a la batalla de las ideas y a la confrontación teórica con sus adversarios aunque, eso sí, dentro de unos límites morales explícitos: nunca se puede ser tolerante con los intolerantes y los violentos.

Receloso de cualquier fórmula patriarcal y estatista, el liberal ha puesto siempre la proa frente a cualquier ingeniería social llevada a cabo en nombre de la justicia colectiva, humana o divina. Para el liberal, la dignidad del hombre es sagrada. Ya sea a la hora de organizar su vida afectiva, moral, económica o social. No en balde los liberales llegan en el siglo XVIII a la defensa del mercado y su espontaneidad después de haber defendido con igual intensidad la autonomía moral de la sociedad y de la persona frente al patriarcalismo del Antiguo Régimen. Adam Smith nos depara La riqueza de las naciones después de recorrer el camino de La teoría de los sentimientos, siguiendo la estela de Locke, y no al revés. Aquí, precisamente, hay una diferencia notable con los conservadores y sustancial con los socialistas. En honor a la verdad, la diferencia con los primeros no ha sido nunca incompatible -siempre y cuando rebajen su compromiso con la Tradición y no crean que el liberalismo tan sólo es económico-, mientras que con los segundos la aproximación ha sido imposible. El dirigismo planificador y la moralización estatista de éstos ha sido extraordinariamente destructivo para la capacidad autorreguladora de la sociedad civil y el mercado.

Así las cosas, entrado el siglo XXI se hace más necesario que nunca una revitalización vigorosa del liberalismo. Las llamadas Revoluciones Atlánticas son el producto histórico del liberalismo y, hoy, el soporte de la gran revolución silenciosa que subyace implícitamente en el discurso posmoderno de la globalización. La amenaza totalitaria surgida con el islamismo integrista, la deriva radical de la izquierda posmarxista y la emergencia de nuevas formas de populismo nacionalista que recuperan en Europa la efervescencia sentimental de aquella «Konservative Revolution» alemana del periodo de entreguerras exigen de los liberales centrarse con mayor intensidad en la defensa sin complejos de la libertad. El ejemplo orgulloso de la Constitución de 1812 es el camino.

José María Lasalle

6 Responses to “Reseña de Prensa / ABC”

  1. Libertarian Says:

    ¿Alguna vez este hombre se enterara de la importancia cardinal de liberales como Bastiat, Cobden, Spencer, Menger, Mises, Bawerk..? No sé, no creo que nadie le pida que cite anarcocapitalistas, pero leñe Bastiat o Mises brillan por su ausencia clamorosamente en sus escritos siempre!! El conservador y timorato parece él, y no Hayek como él dice, que esto tambien tiene tela.

  2. Anonymous Says:

    Lassalle no es un liberal puro, a la hoguera con él. Viva Jiménez Losantos, Cesar Vidal y Pío Moa, esos grandes liberales. ;-)
    +Zaplanas
    -Lassalles

    Viva la COPE de España!!!

  3. Anonymous Says:

    Queremos glorificar la guerra –única higiene del mundo– el militarismo, el patriotismo, el gesto destructor de los libertarios, las bellas ideas por las cuales se muere y el desprecio de la mujer.

    M.F

  4. Anonymous Says:

    No es el olvido de Mises o Bastiat lo que mueve a la crítica a Lassalle a estos libertarians del batiburrillo haideriano-zaplanista. Es esto:

    Fue el caso de la reunión del Grupo previa al debate sobre la reforma del Código Civil que incluye los matrimonios gays. A nadie sorprendió la posición de Celia Villalobos, que ya en la anterior votación en el Congreso se saltó la disciplina de partido, lo que le valió una multa, al igual que al diputado José María Lasalle, que no acudió a la votación entonces. Fue precisamente este último, Lasalle, quien protagonizó una intervención polémica en la citada reunión del miércoles.

    El diputado, conocido por formar parte del núcleo próximo a Rajoy –de escribirle algunos discursos- y, más recientemente, por su relación con la diputada del PSC Meritxel Batet, defendió lo que él llama el ‘laicismo liberal’ y criticó la posición del PP demasiado próxima a la Iglesia Católica. Con todo, no fue esta la intervención más polémica, sino la de Francisco Villar, jefe de Gabinete de Rajoy, que defendió la libertad de voto.

    elconfidencial.com

  5. Anonymous Says:

    También el alpinchismo tiene que ser beligerante. Así lo reclama el siglo XXI. Por eso, métanse vuestro liberalismo al culo. Y una cosa más: ustedes no tienen nada que ver con Berlin y Popper (catedráticos de gran calibre), sino más bien con un vulgarizador como Vargas Llosa.

  6. juanma agúndez Says:

    No sé quién es este Lasalle, pero a grandes rasgos su escrito es correcto, aunque chirría eso de ver a Hayek como un “conservador con vocación liberal”. Pero lo que más me extraña es ese insistir desde las mismas filas del P.P de que son un partido liberal o que se acercan a ello. Tuvimos ocho años de gobierno Aznar y el liberalismo practicamente brilló por su ausencia: !pero si le consideran el mejor presidente de la democracia los Losantos, Herreros y compañia!!!
    Los ocho años del P.P fueron años de más conservadurismo en lo moral y también en lo económico. El problema es que los “liberales p.p.opulares” se sigen creyendo la gran mentira de que Aznar bajó los impuestos (sólo a las rentas más altas): quitar el IAE a quién no se sabe bien lo que gana es de chiste; o de que realmente son liberales porque no derogan las leyes aprobadas por el Psoe, que es quien parece hacer el trabajo sucio, como la del Aborto o el Divorcio (en ambos casos muchos de ellos y de sus familiares aprovechándose de ambas)… y esto no es suficiente. Ni tan siquiera la autilimitación de Aznar de gobernar sólo 8 años ahora es una decisión valorable… pues realmente, de ganar el P.P las elecciones del 2004, hubiera sido el “stopper” de Rajoy.
    Menos escribir sobre lo que quiere uno ser y más cambiar el partido o de partido!!!!
    Liberalismo no es esto, joder.

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