Reseñas de prensa / Canarias Ahora
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Creando Copérnicos
por Emilio del Barco Fomentar el miedo a lo desconocido es un negocio. Lo mismo sirve para vender seguridad ciudadana que salvación del alma. Lo explotan todos los grupos esotéricos, que meten miedo a la gente, con lo que pueda pasarles, a ellos a sus almas y familiares, si eluden las reglas que tales organizaciones les dictan. Desde las amenazantes cartas en cadena, a la obligación de publicar anuncios, proclamando la consecución de favores, o la rutina lavacerebros de rezar a diario ciertas oraciones. Si, afortunadamente, se resuelve durante ese tiempo alguno de los favores pedidos, ya hay un adepto más. Tales grupos se presentan como salvadores universales. Trucos semejantes utilizan los polÃticos salvapatrias. O ellos, o el diluvio. Y siempre encuentran oÃdos atentos.En la actualidad, Benedicto XVI apoya la abstención en el referéndum sobre reproducción asistida que va a celebrarse en Italia. Se pretende cambiar la restrictiva y obsoleta ley de reproducción italiana, por una más parecida a la actual ley española. Consiguiendo la abstención, se pretende evitar el quórum necesario para su aprobación. Cultivar el inmovilismo parece el bien supremo, para algunas mentes congeladas. TodavÃa hay grupos que se oponen a las transfusiones de sangre. Y no están lejos los tiempos en que se consideraba un gran pecado contra la voluntad divina el realizar un trasplante de órganos, o facilitar el parto sin dolor. Los ortodoxos defendÃan, y aún defienden, que no se pueda alterar el mandato divino a Eva, al ser expulsada del paraÃso: parirás con dolor.Si seguimos la lÃnea estática, inmovilista, respecto a los progresos cientÃficos, terminaremos de nuevo en las cavernas. Sin una ciencia progresista, libre, no hay cultura ni bienestar. Al mundo cristiano puede empezar a sucederle lo que ya pasó con la cultura musulmana. De ser una civilización progresista, en sus mejores tiempos de esplendor, ha pasado a ser una rémora para la Humanidad. De vuelta a los tiempos oscuros de las primeras épocas, de leyes santas y guerras sagradas. El camino de la imitación lo tenemos fácil. No hay más que seguir las prédicas de los hombres santos, que siempre ven en el pasado tiempos de mayor pureza. Pero,¿es eso lo que la Humanidad desea? Podemos escoger entre una sociedad más próxima a los ángeles, cantando en coros celestiales, u otra más cercana a la felicidad terrenal, con una sociedad menos llena de sangre, sudor y lágrimas. ¿Tiene que estar reñida la felicidad con la bondad?La verdad la canta el silencio. Si, en ciencia, se siguieran criterios religiosos, aplicando el principio de que dudar es pecar, llegarÃamos al fin de la ciencia. La ciencia es duda constante, y ésta fuente de verdad. Es una lástima que, tantas mentes privilegiadas, trabajen sólo para negar evidencias. Intentando parar el mundo, mediante la paralización del pensamiento.























